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A la nena de 2 años le diagnosticaron sarnilla hace cuatro meses en el hospital San Roque. Su recuperación es lenta, por lo que evalúan su derivación a un centro médico de mayor complejidad. Hace un mes volvió al jardín maternal.

 

El caso de Estefanía y sus tres hijas, que viven en un precaria casilla de madera, reavivó la polémica por la preocupante escalada de contaminación ambiental en el barrio San Martín de Paraná, que sumado a la presencia de animales infectados perjudican el estado de salud de una de las pequeñas: Oriana, de 2 años padece un cuadro de sarnilla, diagnosticado hace cuatro meses en el hospital materno infantil San Roque. 


Debido al avance de la enfermedad, una de las posibles alternativas sería el traslado a un centro médico de mayor complejidad. “La doctora la atendió hoy (por ayer) a la mañana: le manda estudios porque la ve igual. Si no tenemos respuestas en el hospital me la va a derivar fuera de la provincia.”


Con necesidades primarias que atender, entre ellas lograr el sustento diario para su familia y obtener recursos para construir su casa, la mujer de 23 años se fijó como prioridad que la menor de sus hijas revierta su estado de salud.


En una recorrida por el barrio, conocido popularmente como el Volcadero, diario Uno buscó conocer la calidad de la atención sanitaria brindada a Oriana, cuyo primer diagnóstico reveló que padece severos problemas en la piel. En el centro de salud Antártida Argentina –que funciona el CIC de La Floresta–, en calle El Resero y Burmeister, al que acude habitualmente su madre ante alguna emergencia, la sala estaba colmada de mujeres con sus hijos, que con turno en mano esperaban ser atendidas.


A través del testimonio de Estefanía, se pudo conocer que la doctora Yanina Picotti, especialista en Pediatría, era la médica de cabecera de la nena enferma. La profesional, a punto de comenzar su jornada de trabajo, se excusó de brindar información. “No voy a hacer declaraciones”, se limitó a decir. Enseguida cerró abruptamente el diálogo, expresando: “Si quiere que hable la madre”.


Estefanía Zapata confió: “La doctora –en referencia a Picotti– le mandó diferentes análisis a Oriana. Le pedí nuevamente si la podía derivar al especialista de piel: si no le dan una solución la van a tener que trasladar. Hace siete meses que tiene este problema y hace cuatro que andamos con tratamientos. No se cura nunca, ahora me mandó cefalexina, porque tiene una infección”, aseguró.

 

Volvió al jardín maternal
Ante versiones cruzadas que daban cuenta de la negativa de las autoridades del jardín maternal Pingüinitos, con sede en El Resero y República de Siria, a recibir a la pequeña Oriana debido a su problema de salud, se despejaron las dudas. Una de las empleadas del centro educativo que tenía conocimiento del caso aseguró que la niña había concurrido ayer al Jardín.


En diálogo telefónico la directora del establecimiento, Vanina Ramírez, manifestó que la nena “asiste al jardín, si bien estuvo un tiempo sin venir porque se le exigían diferentes tipo de controles médicos a la madre”. En este sentido, explicó que en principio “no se sabía lo que tenía Oriana. Por ese motivo faltó al Jardín durante los meses de mayo y junio. Hasta que no tuvo un diagnóstico más certero, su mamá no la traía”.


La docente justificó la decisión amparada en una normativa de la institución: “Cuando vemos una señal de alerta, o una niña brotada o con una reacción alérgica como en este caso, le pedimos a los padres que la hagan ver y posteriormente que concurran con un certificado médico”.


La mamá de Oriana reconoció que a la pequeña “la aceptaron” en virtud de que todos los estudios que mandó la doctora los fue mostrando a las autoridades del jardín. “Hace un mes volvió”, dijo.

 

Sueña con la casa propia
Estefanía se puso como objetivo reunir los elementos para darle forma al sueño de la vivienda propia. La primera colaboración no demoró en llegar. “Al padre Gustavo alguien le hizo una donación de ladrillos, pero no alcancé a preguntarle quién era”, se alegró.


Por otra parte sostuvo: “Los del Copnaf me dijeron que ellos se iban a encargar, pero hasta ahora no sé nada. Son los mismos de la otra vez: prometieron ayudarme, pero me han mentido”.

 

Víctima de violencia de género pelea por la vida de sus hijas
Con un poco más que dos décadas de vida y tres hijas por criar, a Estefanía Zapata la vida le pone por delante diferentes desafíos. No solo debe encarar el frágil estado de salud de una de sus hijas, sino que además debe lidiar con las repetidas amenazas de su expareja.


El lunes, en la puerta de la escuela N° 188 Bazán y Bustos sufrió una agresión, plasmada en violencia verbal. Allí, luego de retirar de la entidad a una de sus hijas, la hermana del padre de sus hijas le recriminó: “No tenés vergüenza con lo que estás haciendo, al decir que tu hija tiene sarna. Además me dijeron puta. Yo hago todo por ellas. Ellos ni siquiera van a decir: te vamos a dar una mano aunque sea por las gurisas”, dijo la mujer, con su voz quebrada por las lágrimas.


Después de haber sido víctima de violencia de género, hizo de la soledad una elección de vida. En esta oportunidad, optó por realizar una exposición policial. “Tuve que ir a poner la constancia en la comisaría; la denuncié porque no puede ser que no pueda traer la nena a la escuela, esperando a que ellos me insulten. No la quiero cambiar, porque está bien ahí la nena”, dijo resignada. Sobre el desgastado vínculo con su expareja recordó: “Hablé ayer –por el lunes– pero no se puede hablar con él porque me grita”. En el encuentro, signado por la tensión, Estefanía le reprochó la actitud de sus hermanas. “Mirá a lo que llegan tus hermanas, yo no te quería ensuciar. Pero en su respuesta se limitó a decirme: ‘Manejate, arreglátelas con ellas”.


“Yo no lo molesto, ando sola, voy al hospital, cuando a las nenas las tuve que internar lo he llamado a él y me dijo que no podía ayudarme”.